8 jun. 2011

Espera...


La espera…nos pasamos media vida esperando, el momento de la espera hace que nuestro cuerpo se sienta vivo, o al menos con vida propia, el estomago habla, el corazón se acelera, con un poco de suerte tendré el pulso para robar panderetas, sudor…ser capaz de estar despierta horas, a causa de los nervios vívidos por la espera.
Los nervios, ¿son la expresión temerosa de nuestras carencias e inseguridades o son la respuesta natural a la pronta consecución de nuestros anhelos? Ambas cosas por igual?
O ninguna de ellas? Es la fabricación de una ilusión? Es el miedo a la decepción?
 El movimiento del tren no hace más que aumentar la fiesta que en mi estomago lleva todo el día, la espera por el momento no deja que se tranquilicen alguna tripas, el calor ruboriza las mejillas, sabes que se nota, se huele el nerviosismo, cierras los ojos, coges aire, pero es igual…..y después del momento, la sensación de plenitud y de alegría o de decepción, al fin y al cabo una sensación para recordar, para quedarse o para olvidar, pero siempre para aprender y saborear…
Y si es decepción, estamos preparados para la decepción? Inmovilismo es lo que provoca el miedo a la decepción, somos esclavos de la ilusión/decepción…
Y si no es así?
Y si es mejor?
Y si el riesgo merece la pena? Aunque solo sea por el momento, por lo que vives, por lo que sientes, experimentas, tiemblas, temes, ruborizas, esperanza, alegría…y después? Después…ya veremos…
Da igual lo que se espere, una entrevista, un concierto, una nota, la revolución, un beso, ver a esa persona, una sonrisa, un libro, un día…siempre es intensidad, siempre es emocional, siempre se puede disfrutar…

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